viernes, 9 de mayo de 2008


A orillas de la madrugadados cuerpos en una ciudadbuscaban pasar el tiempo:su tiempo no se hizo esperar...No estaba ninguno en su día,sus copas ya estaban vacías.Él estacionó su miradacuando al fin la vio sentada,él tenía cigarrillos y ella ganas de fumar.El rato de a ratos moría,no había palabras de más,cautivos en la noche infinita,se rindieron a su voluntad.En su presente no había pasados,en la mesa desfilaban los tragos.Andaban ahí perdidosescuchando Divididos,a él le gusta la banda y a ella le gusta bailar.Y así los dosle daban vida a una mentiraa espaldas de la verdad,Y así los dosjugaban a las escondidasdejando a su soledadal menos esa noche.Él quiso volver a soñarla,ella le dijo que no.En silencio se soltaron las manos,enseguida ella se arrepintió:salió corriendo hacia la avenidapero él había doblado en la esquina.Ahora ya vencidoscuando escuchan divididosél recuerda la noche que ella no puede olvidar.

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